Más allá del papel
El silencio en el penthouse ya no era un arma, sino un vacío que reclamaba ser llenado. Elena observó a Julián desde el otro lado de la mesa de mármol; la luz de la mañana en la Ciudad de México se filtraba por los ventanales, iluminando las motas de polvo que bailaban sobre el lugar donde, apenas horas antes, el contrato matrimonial había sido una sentencia firme. Ahora, solo quedaba el aroma a café amargo y la incertidumbre de una libertad que no habían calculado. Julián no vestía su habitual armadura de tres piezas. Tenía la camisa desabrochada en el cuello, las mangas recogidas sobre los antebrazos y una expresión que Elena no lograba descifrar del todo: era la mirada de un hombre que había quemado su propio mapa para salvar a alguien más.
—La junta directiva ha convocado una reunión de emergencia para las diez —
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