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Chapter 11: Rebelión en la Escalera

Kael hackea la red de la Academia durante la prueba pública, exponiendo la corrupción financiera y liberando a los pilotos de sus deudas. Tras neutralizar al Ejecutor mediante el control del Eliminador, destruye el sistema de la Escalera, provocando un colapso institucional y una rebelión masiva.

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Rebelión en la Escalera

El Chatarra-7 no rugía; aullaba. El metal de su chasis, fatigado por años de parches y soldaduras de baja calidad, vibraba con una frecuencia que hacía que los dientes de Kael castañetearan. El núcleo robado, incrustado en el pecho del mecha como un corazón artificial, bombeaba una energía azulada que quemaba los circuitos de control. Kael sentía el calor en su propia columna, una descarga nerviosa que le recordaba que la Sincronización Armónica no era un regalo, sino un préstamo con intereses pagados en sangre.

—La señal está abierta —susurró Kael, sus dedos bailando sobre la consola táctil, ahora bañada en la luz de los códigos de acceso que le costaron el legado de sus padres.

En la Arena Central, el silencio era absoluto. Las pantallas gigantes, que solían mostrar los rangos de la Escalera y los anuncios de deuda, ahora proyectaban una cascada de datos: los libros contables de la Academia, la lista de pilotos vendidos como activos y la prueba irrefutable de que la institución no era una escuela, sino una sucursal de extracción de una red global. El Comandante Vane gritaba órdenes desde la torre de control, pero su voz se perdía en el estruendo de los sistemas de seguridad colapsando.

—¡Kael! ¡Detente! —la voz del Ejecutor resonó a través de los altavoces de la arena. El favorito de la Academia emergió de entre los escombros. Su mecha, una maravilla de ingeniería de élite, estaba reducido a un esqueleto humeante. A su lado, el Eliminador, la máquina de guerra de la Academia, permanecía en modo de espera, con sus sensores parpadeando en un rojo punitivo.

Kael no respondió. No había nada que decir. Su objetivo no era el Ejecutor, sino el sistema que lo había creado. Con un movimiento preciso, inyectó el código de anulación en la red local. El Eliminador se tensó. Sus sensores, antes hostiles, viraron a un azul gélido. La máquina, pilotada en el pasado por un amigo de Kael antes de ser borrado por la Academia, giró sobre sus ejes y apuntó su cañón principal hacia el Ejecutor.

—Tú eres el siguiente en la lista de activos, Ejecutor —dijo Kael, su voz amplificada por los altavoces de la arena. La multitud, antes paralizada por el miedo, comenzó a rugir. Los pilotos de bajo rango, viendo cómo sus contratos de deuda se borraban en tiempo real, empezaron a abandonar sus puestos. La Escalera, el tótem de su opresión, se tambaleaba.

Kael subió a la Plataforma de Mando. Sus nudillos sangraban, su uniforme estaba chamuscado, pero su mirada estaba fija en el terminal central. Con un golpe seco, hundió su mano en el panel de acceso y destruyó el núcleo holográfico de la Escalera. La red central se desconectó con un estruendo metálico que hizo vibrar los cimientos de la ciudad.

El sistema había caído. La purga de la Academia, diseñada para eliminar a los disidentes, se volvió contra sus propios creadores cuando Kael redirigió las torretas de defensa hacia los niveles superiores.

Kael bajó del Chatarra-7, sintiendo el peso del vacío. La victoria era real, tangible, pero el horizonte estaba lleno de nuevas amenazas. La organización central no se quedaría de brazos cruzados mientras su sucursal más rentable ardía. La Escalera era solo el principio; el verdadero ascenso, el que no dependía de rangos ni deudas, apenas comenzaba.

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