Chapter 12
La estática en el Núcleo Administrativo no era un sonido, sino una erosión. Cada vez que Kael intentaba estabilizar el flujo de energía de la Torre, un fragmento de su vida se desvanecía como tinta bajo la lluvia. Había sacrificado la risa de su tía, el sonido del viejo telar, y ahora, mientras sus dedos temblaban sobre el libro de cuentas, sentía cómo el recuerdo de la última cena familiar se volvía translúcido, un espectro de calor en un mundo de metal frío.
—El sistema de reciclaje no se detendrá solo porque lo pidas —la voz del Mentor Oculto resonó dentro de su cráneo, gélida y distorsionada por la purga—. Requiere una firma de alma. Un sacrificio que solo un Excluido puede consolidar.
Kael apretó el libro. El objeto, antes un simple registro de deudas, palpitaba con una luz opresiva. A su alrededor, la infraestructura de la Torre chirriaba; las paredes del núcleo, compuestas por almas procesadas, comenzaban a colapsar. La Tasadora de la Secta, atrapada en la periferia de su control, retrocedió, su rostro desencajado al ver cómo sus privilegios de administrador se evaporaban. Intentó ejecutar un comando de purga manual, pero el panel holográfico frente a ella parpadeó en rojo intenso, rechazando su huella digital. Kael no le dio una segunda mirada. Con un gesto seco, activó la Vista de Falla. Ante sus ojos, la autoridad de la mujer se reveló como un hilo de energía frágil. Kael tiró de él, y la insignia en el pecho de la Tasadora se volvió opaca, perdiendo su brillo dorado. Los sensores de la Torre, programados por la Secta, la identificaron ahora como una falla, arrastrándola hacia los conductos de reciclaje que ella misma había supervisado.
—No soy un héroe —escupió Kael, sintiendo cómo el último rastro de su historia personal se reemplazaba por un vacío gélido—. Solo soy el tipo que va a cerrar tu matadero.
El Mentor Oculto soltó un suspiro metálico. —Fui el arquitecto de esta jaula. Ellos me traicionaron para convertir mi creación en un molino de almas. Si cierras el libro, la Torre colapsa. Pero el precio es el último rastro de tu historia. ¿Qué serás cuando olvides quién te enseñó a coser?
Kael no respondió. No podía permitirse el lujo de la nostalgia. La marca de 'Excluido' en su muñeca ardía, una llaga abierta que el sistema intentaba sellar. A lo lejos, la puerta del nivel superior, una estructura masiva de obsidiana y sellos de restricción, comenzó a deslizarse con un chirrido que resonó como una sentencia. Las sombras de los Guardianes de la Secta se proyectaban contra el umbral, figuras inamovibles, armadas con la autoridad de una jerarquía que él había jurado demoler.
Kael fusionó el libro de cuentas con su propia marca. El dolor fue absoluto, una descarga de energía prohibida que transformó su estatus de desecho en una firma de poder destructiva. La Torre comenzó a colapsar internamente, las paredes de latón y estática gimiendo bajo el peso de su propia autodestrucción. Kael dio un paso hacia el umbral. La luz de los pasillos superiores era cegadora, pero no estaba vacía. Los Guardianes estaban allí, esperando, con las espadas de energía desestabilizando el flujo administrativo. Kael apretó el libro contra su costado, sintiendo el vacío donde antes estaban sus recuerdos. Ya no era un cero. La puerta hacia el nivel superior se abrió, revelando un horizonte de acero y peligro. Es hora de dejar de ser un perdedor.