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Chapter 9: La Arena de Cristal

Kaelen sobrevive a su entrada en la zona intermedia tras un duelo brutal en la Arena de Cristal, donde sacrifica más recuerdos para ganar potencia. Valeria, confrontada con la verdad de su linaje, le entrega acceso a la sub-red del administrador, sellando una alianza peligrosa para asaltar el Nivel 42.

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La Arena de Cristal

El aire en el Nivel 41 no era aire; era una mezcla filtrada de ozono, refrigerante sintético y el olor metálico de la perfección. Kaelen se puso en pie, sintiendo un vacío punzante en el pecho, un hueco donde antes residía el rostro de su madre. La Torre, conectada a su sistema nervioso, le recordó mediante un zumbido en la base del cráneo que su memoria era la moneda de cambio para mantenerse oculto.

—Tu firma de energía es una anomalía, chatarrero —la voz de Valeria cortó el silencio del hangar. Estaba de pie junto a un mech de líneas aerodinámicas, una máquina diseñada para la gloria. En su mano sostenía un terminal que proyectaba el archivo de purga del Nivel 40, el documento que sellaba la traición de su propia sangre.

Kaelen no retrocedió. Sus manos, manchadas con la grasa negra de los niveles inferiores, se cerraron sobre el chip de su padre.

—No es un error del sistema —respondió Kaelen, su voz áspera—. Es el resultado de tu linaje. Tu familia borró el Nivel 40 para mantener este orden impecable. Yo soy el error que no pudieron purgar.

Valeria palideció, pero en lugar de llamar a la seguridad, cerró el hangar con un comando de voz. El espacio se convirtió en una tumba de lujo. Kaelen observó su propio mech, una carcasa oxidada que parecía una herida abierta entre las máquinas de la élite.

—Si pretendes sobrevivir al Nivel 42, esa chatarra no durará diez segundos —dijo ella, arrojando un paquete de servomotores de grado militar a sus pies—. Úsalos. Mi reputación depende de que no mueras en la primera ronda.

Kaelen no agradeció el gesto. La deuda que marcaba su interfaz, un contador rojo que descendía implacable, exigía un precio. Para integrar los componentes, el sistema le pidió una compensación energética. Kaelen sintió el vacío familiar: el recuerdo de la risa de su madre se desvaneció, transformándose en datos crudos y eficiencia táctica. Sus dedos temblaban al soldar los componentes; cada mejora era un pedazo de su pasado que se borraba para siempre. Valeria observaba el proceso con horror y fascinación, comprendiendo que Kaelen estaba siendo consumido por la misma máquina que él intentaba destruir.

Horas después, la Arena de Cristal vibraba con estática. Kaelen entró bajo el estandarte de Valeria. Frente a él, Valerius, el campeón actual, mantenía una postura impecable.

—Un protegido de Valeria no debería ser tan descuidado —bromeó Valerius, bloqueando una estocada con elegancia.

Kaelen no respondió. En lugar de seguir la danza técnica, escupió sangre sobre el escudo refractario de su oponente y, aprovechando el micro-segundo de desconcierto, lanzó un codazo cargado con energía estática pura. El sistema emitió un pitido: Sobrecarga de núcleos: 85%. Kaelen ignoró el dolor. Su estilo no era elegante; era una carnicería coreografiada. Mientras la multitud contenía el aliento, Kaelen hundió sus dedos en la armadura del campeón, forzando un cortocircuito que iluminó la arena de un rojo violento. Valerius rugió, pero Kaelen se aferró como una garrapata sedienta. En el clímax del duelo, Kaelen se dejó caer, usando el propio impulso del campeón para estrellarlo contra los pilares de cristal.

Tras la victoria, en el palco privado, Valeria se acercó. Su voz era un susurro roto.

—He visto lo que hiciste con el enrutamiento central. Hackeaste el núcleo mientras el Viper-7 te arrinconaba. Nadie debería poder saltarse los protocolos de seguridad.

Kaelen, sintiendo el vacío de otra memoria perdida, apretó los puños.

—No es un hackeo, Valeria. Es un ajuste de cuentas. El sistema está reclamando los intereses de la purga.

Valeria se giró, su rostro una máscara de conflicto. Deslizó una llave maestra hacia él.

—El Nivel 42 es una fortaleza, pero tengo los códigos de acceso a la sub-red del administrador. Si vamos a destruir este sistema, hazlo bajo mis términos: no vuelvas a sacrificar un recuerdo sin mi permiso. Tenemos una oportunidad para desmantelar la jerarquía desde dentro, pero el sistema central ya está preparando una purga masiva ante tu inestabilidad. ¿Estás dentro?

Kaelen tomó la llave, sabiendo que el precio de su próxima victoria sería mucho más alto que el anterior.

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