El techo de cristal
El aire en el octavo nivel sabía a ozono y a metal quemado, una mezcla que le rascaba la garganta a Kaelen con cada bocanada. A su lado, Valeria mantenía la mano sobre la Llave de Control Parcial, sus nudillos blancos por la tensión mientras la energía residual de la sincronización chisporroteaba entre ellos como un cable de alta tensión pelado.
—Nos han marcado —siseó ella, sus ojos recorriendo las paredes del pasillo. Las runas de seguridad, antes inertes, ahora sangraban una luz roja incandescente. Thorne no solo había sellado los niveles inferiores; había activado los sensores de rastreo de gran escala. —Saben exactamente dónde estamos.
Kaelen sintió el peso del sistema en sus sienes. Su vitalidad, apenas estabilizada en un 26% tras la última purga, palpitaba con cada latido como si la Torre intentara drenar su esencia. Frente a ellos, el pasillo de transición hacia el sector de élite se transformó. Las paredes proyectaron un holograma masivo que dejó a ambos paralizados: Kaelen, Rango: 98. Estatus: Anomalía. El número parpadeaba en un dorado agresivo, una sentencia de muerte pública que resonaba en cada rincón de la Torre. La patrulla de élite, figuras envueltas en armadura de obsidiana, ya estaba doblando la esquina al final del corredor.
—No podemos pelear contra un batallón de rango superior —dijo Valeria, su voz cargada de una urgencia fría—. La barrera de pureza del Mercado de Élite es nuestra única salida. Está diseñada para drenar a cualquier no iniciado hasta la muerte, pero si logramos invertir el flujo...
—Lo haremos —interrumpió Kaelen. No era valentía; era la única opción. Al llegar a la puerta del Mercado, el aire se volvió denso, cargado con una estática que le erizaba la piel. La barrera actuaba como un sifón, una tubería de vitalidad robada que se desviaba directamente hacia el torreón del Maestro Thorne. Thorne no protegía el mercado; se alimentaba de él.
Kaelen colocó su mano sobre el campo de fuerza, sintiendo cómo el sistema de la Torre intentaba devorar su energía. Drenaje de vitalidad en progreso. Eficiencia del sifón: 84%. En lugar de resistirse, Kaelen forzó su sistema roto a absorber la energía que el sifón succionaba de los niveles inferiores. La sobrecarga fue inmediata. Un pulso de energía pura recorrió sus venas, elevando su nivel a 2 mientras la barrera, confundida por la inversión de flujo, se resquebrajaba bajo sus pies.
Al cruzar el umbral, el Mercado Central los recibió con un silencio sepulcral. Los mercaderes, antes arrogantes, retrocedieron ante la visión de Kaelen; su aura de Nivel 2, recién adquirida y visible, brillaba con una intensidad que invalidaba cualquier pretensión de superioridad de la secta. Sin embargo, Thorne no tardó en responder.
La multitud se abrió y Varkis, el asesino personal de Thorne, emergió del arco norte. Su armadura segmentada de ébano y oro reflejaba las pantallas de la plaza, donde el nombre de Kaelen subía vertiginosamente al puesto 87. —Has cruzado el umbral que no te corresponde —retumbó la voz de Varkis, amplificada por el sello de la secta—. Entrégate, o tu linaje morirá aquí mismo.
Kaelen no retrocedió. Con un movimiento rápido, sobrecargó su núcleo con la energía robada del sifón y liberó un pulso de datos que no solo hirió a Varkis, sino que hackeó las pantallas colosales de la plaza. En lugar de su rango, las pantallas comenzaron a proyectar los flujos de energía de Thorne, exponiendo ante miles de espectadores cómo el 'Maestro' se alimentaba de la vitalidad de los niveles inferiores. El ranking de Kaelen se disparó al Top 50, y la Torre entera tembló mientras la verdad, cruda y devastadora, se filtraba a cada rincón de la estructura.