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Chapter 6: Duelo de administradores

Valeria recibe la orden sistémica de ejecutar a Leo como anomalía root. Leo utiliza comandos root y fragmentos de memoria familiar para evadirla y despojarla temporalmente de privilegios en un enfrentamiento directo. Escapa con ayuda de Kael, quien le entrega un fragmento de código capaz de reiniciar el ranking global, mientras el cronómetro de ejecución sigue corriendo y la Torre registra su acceso no autorizado.

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Duelo de administradores

Las pantallas del atrio central del Piso 42 ardieron en rojo sangre. ANOMALÍA ROOT DETECTADA – NIVEL DE AMENAZA: CRÍTICO. EJECUCIÓN OBLIGATORIA – PLAZO: 18:00:00. El contador descendía como un cuchillo: 17:59:32… 17:59:31.

Valeria Thorne estaba clavada frente al ventanal panorámico. El pulso le martilleaba las sienes. La interfaz retinal se activó sin permiso. PROTOCOLO EJECUTOR SILENCIOSO – ACTIVADO. OBJETIVO: L. VEGA. FALLO = REVOCACIÓN TOTAL – ELIMINACIÓN. No existía opción de negarse. Presionó «S» con el dedo rígido. Su cronómetro personal se incrustó en la visión: Ejecutor Silencioso – 17:59:28.

Abajo, en los niveles de servicio, Leo reptaba por el conducto entre los pisos 39 y 38. El metal quemaba las palmas. Vitalidad: 39%. El zumbido de drones se acercaba por detrás. Cada inhalación profunda le arrancaba medio punto. Si caía al 35%, el sistema le cortaría el acceso root que había pagado con la sangre de su familia.

Un pulso frío lo detuvo detrás de una placa oxidada. Fragmento de memoria Vega – 87%. Absorción: +18% drenaje temporal | +8% vitalidad estable permanente | Comando menor: 'Redirigir Patrulla'. Leo dudó dos latidos. La voz de su madre valía más que quince minutos de margen. Arrancó la placa. El fragmento se hundió en su interfaz como agua helada.

«Leo… no dejes que te coman la memoria».

Vitalidad: 47%. El comando nuevo brilló disponible. Tres drones aparecieron en la curva. Leo susurró: «Redirigir Patrulla – Objetivo: pared sector 39-C». Los drones viraron en seco y se estrellaron. La explosión selló el paso con polvo y chispas. Leo avanzó, pero el sistema ya había registrado el uso no autorizado de un comando administrativo en un Nivel 2.

Llegó al Nivel 39-B: sala de servidores muerta, ventiladores agonizantes. Se dejó caer contra una torre negra, hombro entumecido. El cronómetro ajeno marcaba 17:42:19 en su visión compartida.

Valeria apareció en el umbral. Hoja de energía pura en la mano. Ojos que no ardían de odio, sino de pánico contenido.

—No tenías que llegar tan lejos, Cero —dijo con voz quebrada—. El sistema no perdona anomalías.

Leo arrancó un panel físico. Cables colgando como venas abiertas. Tocó el núcleo expuesto.

—Protocolo Nivelación Forzada. Override: Root-7-Vega. Target: Thorne, Valeria. Privilegios suspendidos.

Un pitido grave recorrió la sala. Pantallas muertas despertaron con código verde. Los números de Valeria —boost de atributos, escudo de vitalidad, regeneración pasiva— cayeron a cero temporal. Ella jadeó. La hoja tembló. Por primera vez parecía casi humana.

Valeria atacó. La hoja cortó el aire. Leo rodó, activó el comando nuevo para sobrecargar un servidor cercano. Explosión de datos. Valeria perdió el equilibrio. Leo aprovechó: golpe en la muñeca, la hoja cayó. Pero ella era más rápida sin privilegios de lo que esperaba. Un puñetazo le abrió el labio. Otro le fracturó una costilla.

Leo activó un conducto de refrigeración. Se lanzó dentro mientras Valeria recuperaba el arma. Sangre caliente le empapaba el hombro. Vitalidad: 22%.

Salió en el Nivel 37, pasillo de extracción. Kael esperaba junto a la compuerta colapsada.

—Muévete, muchacho. Veintisiete segundos.

Leo corrió. Valeria emergió del lado opuesto. Armadura de neón blanco. No levantó el arma.

—Detente —dijo con voz plana—. El sistema ya decidió.

Leo se detuvo. Sangre goteando al suelo. Kael tenso a su espalda.

Valeria dio un paso. No atacó.

—Cada segundo que no cumpla… me descuentan vitalidad acumulada. Ya perdí el 14%. Si llego al 0%, revocan todo. Rango. Acceso. Existencia.

Leo la miró. No era odio en sus ojos. Era terror desnudo.

—No es personal, Vega. Eres la anomalía que rompe la Torre. Y yo… solo soy el cuchillo que usan.

Kael habló bajo.

—Basta de charla.

Activó un pulso electromagnético improvisado. Luz cegadora. Sensores ciegos. Valeria retrocedió tambaleante.

Leo y Kael corrieron hacia el conducto. Mientras se deslizaban, Kael le puso algo frío en la mano: un fragmento de código sellado.

—Esto puede reiniciar el ranking global de la Academia. Todo el tablero. Pero úsalo mal y nos borran a todos.

Leo apretó el código. El cronómetro de Valeria aún latía en su visión: 16:58:41. La purga no había terminado. Solo había cambiado de forma.

Ahora la Torre sabía que él podía tocar sus raíces. Y Valeria ya no era solo una cazadora. Era una víctima más del mismo sistema que los había marcado a ambos.

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