Novel

Chapter 9: Guerra abierta

Julián neutraliza el ataque físico al restaurante utilizando los sistemas de seguridad ancestrales de los Varga. Tras ser escoltado por la policía de Asuntos Especiales, confronta al Líder del Consejo en su despacho, entregándole la prueba definitiva de su corrupción. La red del Consejo comienza a colapsar mientras Julián se posiciona para el golpe final en el evento benéfico.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

Guerra abierta

El aire en la cocina de 'El Legado' no olía a especias, sino a ozono y a la inminencia de una ejecución. Julián Varga observaba a través del cristal reforzado cómo tres camionetas negras bloqueaban el acceso principal. Los ejecutores del Consejo ya no vestían trajes de seda; portaban chaquetas tácticas y una urgencia depredadora que delataba su desesperación tras la caída de su emisario.

—Julián, han cortado la línea telefónica y el acceso al servidor —murmuró Don Héctor, con las manos firmes sobre el monitor de seguridad, a pesar de la palidez de su rostro—. Son doce. Si entran, no habrá dónde esconderse.

Julián no apartó la vista de la pantalla. Sus dedos, tranquilos, se deslizaron hacia el dispositivo encriptado que reposaba junto al acta de propiedad del suelo. La humillación que le habían infligido durante años en este mismo lugar, sirviendo platos a quienes conspiraban para robarle su linaje, se condensó en una calma absoluta.

—No van a entrar, Héctor —respondió Julián, su voz cortando el murmullo de pánico—. Deja que lleguen al vestíbulo. El restaurante recuerda quién es su dueño, aunque ellos lo hayan olvidado.

Julián extrajo un juego de llaves antiguas, forjadas en hierro fundido, y activó una secuencia manual. En el vestíbulo, el suelo de mármol vibró. Cuando los ejecutores irrumpieron con arietes, las puertas blindadas de seguridad, diseñadas originalmente para proteger los archivos históricos de la familia Varga, se cerraron con un estruendo hidráulico. Los atacantes quedaron atrapados en una trampa de acero y cristal, desorientados mientras el sistema de presurización neumática, reactivado por Julián, comenzaba a extraer el oxígeno de la estancia.

El aroma a madera quemada fue sustituido por el olor a ozono cuando la puerta principal se abrió de par en par. No era una patrulla convencional. Los uniformes que cruzaron el umbral portaban el emblema de la división de Asuntos Especiales. El oficial al mando, un hombre de mandíbula cuadrada, ignoró los quejidos de los matones que intentaban levantarse del suelo. Se detuvo a escasos centímetros de Julián.

—Julián Varga —dijo el oficial, su voz resonando con una autoridad gélida—. Tiene una cita que no puede permitirse declinar.

Julián no retrocedió. Sabía que su victoria sobre el emisario en la junta de accionistas había sido un golpe a la estructura, pero el Consejo de las Sombras rara vez aceptaba un jaque sin intentar incendiar el tablero. Aceptó la escolta, dejando a Don Héctor a cargo de la defensa legal del local.

El traslado a la sede gubernamental fue un ejercicio de poder silencioso. Julián fue conducido a una oficina privada en el piso superior, un monumento a la meritocracia falsa que el Consejo había construido sobre las ruinas de su familia. Detrás de un escritorio de caoba aguardaba el Líder del Consejo, un hombre cuyos rasgos parecían tallados en piedra.

—Has causado demasiados problemas en un restaurante que ya no te pertenece —dijo el Líder sin levantar la vista de unos documentos—. Crees que tus juegos con las deudas de mis hombres te dan un asiento en esta mesa. Te equivocas.

Julián dejó caer el dispositivo encriptado sobre la mesa. El sonido fue seco, definitivo.

—No busco un asiento, busco el desmantelamiento de tu red —respondió Julián, su voz carente de miedo—. Tengo los registros de cada transferencia, cada soborno y cada contrato nulo que sustenta tu imperio. Si el Consejo cae, tú serás el primero en responder ante la ley.

La expresión del Líder flaqueó por un segundo, un destello de pura vulnerabilidad que Julián grabó en su memoria. Al salir de la reunión, la certeza de la victoria era total. Mientras el vehículo de escolta lo alejaba hacia el evento benéfico de esa noche, Julián recibió una llamada de Don Héctor.

—Los inversores han comenzado a retirar el apoyo, Julián. El Consejo está en pánico, intentando liquidar activos. Las patrullas están en posición.

Julián observó a través del cristal cómo las luces de la ciudad se difuminaban. La trampa estaba cerrada. Al llegar al evento, se sentó en la mesa principal. Observó al Líder del Consejo entrar, ignorante de que, en cuestión de minutos, el despliegue policial convertiría su caída en un espectáculo público ineludible.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced