Novel

Chapter 4: La purga de los traidores

Julián Varga expulsa a Roberto, el gerente corrupto impuesto por Elena Solís, utilizando su control legal sobre el suelo de 'El Legado'. Tras restaurar el orden en el personal, Julián enfrenta a un emisario del Consejo de las Sombras, reafirmando su derecho de sangre sobre el imperio Varga mientras se prepara para la llegada de un aliado clave.

Release unitFull access availableSpanish / Español
Full chapter open Full chapter access is active.

La purga de los traidores

El aire en la oficina del gerente de 'El Legado' estaba viciado, impregnado de un aroma a tabaco barato que Roberto, el hombre de paja de Elena Solís, intentaba enmascarar con un perfume dulzón. Julián Varga cerró la puerta con un chasquido metálico que pareció vibrar en los cimientos mismos del edificio. No necesitó pedir permiso; su sola presencia, erguida y despojada de la servidumbre que había fingido durante años, era una intrusión absoluta. Roberto, con la camisa impecable pero los ojos inyectados en un pánico creciente, intentó ocultar una carpeta de cuero bajo una pila de facturas falsificadas. Su mano temblaba con una torpeza reveladora.

—¿Qué haces aquí, Varga? El servicio de mesas es en el salón principal. Si buscas una propina, te has equivocado de puerta —espetó Roberto, intentando recuperar su fachada de autoridad delegada. Su voz, sin embargo, carecía del peso de quien manda de verdad.

Julián no respondió con palabras. Caminó hacia el escritorio con una parsimonia que cortaba el aire como un cuchillo. Se detuvo frente al gerente y, sin apartar la mirada, dejó caer sobre la madera de caoba un manojo de llaves maestras, pesadas y antiguas. El sonido del bronce chocando contra la superficie fue el único lenguaje que Roberto entendió al instante: el sonido de la propiedad absoluta.

—El juego de la subasta terminó, Roberto —dijo Julián, su voz baja y gélida—. El contrato de Elena es papel mojado porque el suelo bajo este restaurante nunca fue parte de su compra. Y tú, que permitiste que esta cocina perdiera su esencia por un sueldo corporativo, ya no tienes derecho a estar aquí.

Roberto se desplomó en su silla, el rostro perdiendo el color. La influencia de Elena se había evaporado con la nulidad de la subasta, y él, el ejecutor de sus abusos, se encontraba solo frente al verdadero heredero.

Julián lo tomó por el cuello de la chaqueta y lo arrastró hacia el salón principal. El personal, antaño roto por la disciplina de hierro del invasor, observaba en un silencio tenso. Don Héctor, el mentor que había fingido debilidad durante años, observaba desde la penumbra del pasillo. Al ver a Julián, el anciano dio un paso al frente, su voz quebrada pero firme ante los empleados:

—Fui obligado a traicionar a la familia bajo amenaza de muerte —confesó Don Héctor, con lágrimas en los ojos—. Pero el amo ha regresado para restaurar el honor.

El salón se sumió en una quietud reverencial. Julián soltó a Roberto frente a la puerta principal.

—Estás despedido. Prohibida tu entrada de por vida. Si vuelves a pisar este suelo, te aseguro que la ley será el menor de tus problemas —sentenció Julián.

Roberto huyó, tropezando con sus propios pies, mientras el personal, uno a uno, comenzaba a inclinarse ante el hombre que, por fin, había reclamado su lugar.

Julián se retiró a la cocina, el corazón del imperio. Tomó un puñado de especias, devolviendo al aire el aroma a tradición que había definido a los Varga. Sin embargo, la paz duró poco. Un hombre con un traje impecable, demasiado caro para el ambiente de una cocina, entró sin pedir permiso. Era un mensajero del Consejo de las Sombras.

—Varga —dijo el hombre, con una sonrisa depredadora—. El Consejo no está complacido con tu pequeña función en la subasta. Has roto un equilibrio que no te pertenece. Detén esta farsa de la propiedad o el restaurante no será lo único que pierdas.

Julián se giró lentamente, sus ojos reflejando una autoridad que intimidó incluso al enviado.

—Diles a tus amos que el juego ha cambiado. No estoy aquí para negociar con sombras, sino para reclamar lo que es mío por derecho de sangre.

El mensajero retrocedió, visiblemente perturbado por la frialdad absoluta de la respuesta. Mientras el hombre se marchaba, Don Héctor se acercó a Julián, susurrando con urgencia:

—Un magnate aliado acaba de confirmar su llegada. Se inclinará ante usted, Julián. La jerarquía de esta ciudad ya comenzó a inclinarse.

Member Access

Unlock the full catalog

Free preview gets people in. Membership keeps the story moving.

  • Monthly and yearly membership
  • Comic pages, novels, and screen catalog
  • Resume progress and keep favorites synced