El examen de la verdad
Leo entró al Campo de Pruebas con el Reliquia todavía caliente del hangar subterráneo. El núcleo primario marcaba 71 % en la interfaz retinal, pero la nueva firma energética —esa huella irregular que el Corazón Robado había grabado al integrarse— latía como un faro en la red de Aethelgard. Cuarenta y seis horas para la revisión de Voss. Nueve días y medio para que su familia quedara en la calle. El desalojo ya no era una amenaza lejana; era un plazo que se comía horas.
Se posicionó en el sector de los “indeseables”, el grupo de rangos 40-50 que los comentaristas apenas mencionaban. Las pantallas flotantes mostraban su nombre en gris: Valenti, Leo – Rango 47. Tres puestos ganados en el ejercicio con Dante. No bastaba. Cada escalón que subía hacía que el siguiente doliera más.
—Chispa, ¿lectura limpia? —preguntó por el canal cifrado.
—Limpia de momento —respondió Elena, voz tensa—. El pulso del Corazón está en 0.7 Hz. Si pasas del 42 % sin disipador extra, la firma se ilumina para todos los sensores perimetrales. Ya están mirando.
Leo apretó los controles neurales. Las palmas le ardían donde la integración del Último Aliento le había dejado quemaduras frescas. El Reliquia respondió con un estremecimiento corto, casi ansioso.
Los drones centinela Guardián surgieron de las torres derruidas. Tres. Sensores rojos barriendo. Leo activó la secuencia Alfa-7 sin dudar: giro 540° en el aire, picada cerrada, disparo concentrado. Tres explosiones en cadena. Menos de cuatro segundos.
Objetivo primario completado – tiempo récord Rango 47.
La transmisión rugió. Pero enseguida apareció la línea roja: Anomalía térmica detectada – piloto Valenti.
—Te vieron el pulso —dijo Elena—. Mantén 38 % máximo en la siguiente fase o te marcan para revisión inmediata.
No había margen. La zona de cruce se abrió: ruinas urbanas, cobertura parcial, sensores en cada esquina. El checkpoint central brillaba a trescientos metros. Dante ya había activado interferencia nivel 4; el HUD temblaba con líneas de ruido que obligaban al Reliquia a gastar más energía solo para mantenerse estable.
Siete drones Halcón-V descendieron en formación cerrada desde las azoteas. Cañones de riel azules. Leo no tenía línea limpia para evadirlos a todos.
—Treinta y siete segundos para el checkpoint —avisó Elena—. Si sostienes 82 % de carga térmica, el limitador salta y te deja clavado en vivo.
Leo respiró hondo. El sudor le picaba en los ojos. Nueve días y medio. El premio del torneo era lo único que podía comprar tiempo para su madre y su hermana.
El Corazón Robado latió una vez, fuerte. 31 % de adaptación predictiva. Predicción activa.
No esquivó. Avanzó directo. Los drones dispararon en ráfaga cruzada. Leo ladeó el Reliquia en un ángulo que ningún mech de su rango debería alcanzar, dejó que el primer proyectil rozara el blindaje lateral, usó el impulso para girar 180° en el aire y contraatacó en secuencia: cañón principal, secundario, misiles guiados por predicción. Siete impactos. Siete explosiones en 4.2 segundos.
Récord de eliminación en zona de cruce – piloto Valenti.
El comunicador crepitó. —Ya tienen la huella completa. Si fallas ahora, confiscan en transmisión.
—Entonces no voy a fallar —respondió Leo, voz ronca.
La arena central se abrió bajo reflectores cegadores. El Titan-30 del rango 30 avanzaba con pasos pesados. Blindaje espejo, cañones alineados. El piloto no necesitaba presentarse.
—Chispa, ¿cuánto aguanta el bypass antes de que el Corazón se queme? —Doce segundos a plena potencia. Después cascada en el núcleo. No lo uses todo de una, Leo. —No hay “de una” cuando estás a punto de perder la casa de la abuela.
El Titan disparó primero. Dos proyectiles de riel cruzaron la arena en líneas blancas. Leo ejecutó un giro de cadera imposible; el suelo estalló a su espalda. La multitud rugió.
El Corazón predijo la siguiente salva tres décimas antes. Esquivó, cerró distancia, fintó izquierda y golpeó con el brazo reforzado en un ángulo ciego. El blindaje espejo se abolló. El piloto rival retrocedió; Leo no le dio espacio. Salto asistido, giro en el aire, impacto descendente con todo el peso del Reliquia. El Titan cayó de rodillas, inmovilizado en 11 segundos.
Victoria – piloto Valenti.
Las pantallas repitieron el golpe en cámara lenta: el giro, el impacto quirúrgico, la predicción perfecta. El HUD de Leo se tiñó de verde. Rango actualizado: 31.
Y entonces el Corazón Robado emitió un pulso visible.
Una luz azulada imposible de ocultar recorrió las juntas del Reliquia desde el pecho hasta los brazos. El limitador artificial saltó en seco. La firma energética se expandió como una supernova en los sensores de toda la academia. Las pantallas principales se llenaron de alertas rojas: Tecnología no registrada detectada – protocolo de contención activado.
La voz del Director Voss retumbó por los altavoces, fría: —Piloto Valenti, mantenga posición. Seguridad técnica en camino.
Leo miró la pantalla central. Debajo del nuevo rango apareció un mensaje privado que solo él podía ver:
Transferencia interceptada: Comunicado oficial a familia Valenti – sector bajo. Desalojo acelerado a 72 horas por orden de seguridad académica. Motivo: asociación con tecnología prohibida.
El frío le subió por la columna. El ascenso ya no era solo por rango. Ahora era por mantener a su familia con vida.