La fachada de cristal
El aire en el pasillo lateral del salón de baile era gélido, un contraste brutal con el calor sofocante de los focos que aún parecían quemar la piel de Elena. Apenas habían transcurrido diez minutos desde que Julián, con una precisión quirúrgica, la había rescatado del acoso de Sofía, envolviéndola en una farsa que, para el resto del mundo, parecía un compromiso de cuento de hadas. Para Elena, el roce de la mano de Julián en su cintura no era un gesto de afecto, sino el agarre de un grillete que empezaba a cerrarse.
—Suéltame —murmuró ella, intentando desviar la mirada de la lente de un fotógrafo que acechaba tras una columna. Su voz, aunque firme, temblaba por la adrenalina residual.
Julián no cedió. En lugar de eso, la atrajo más cerca, su rostro endurecido por una má
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