Redención bajo fuego
El mármol de la mansión Altamirano, antes símbolo de un estatus inalcanzable, se sentía ahora como una celda de lujo. Elena observaba las llamas devorar los restos del contrato de compromiso en la chimenea. El papel, que durante semanas había sido su única armadura contra la humillación pública, se reducía a cenizas negras. Ya no había cláusulas que la protegieran, ni plazos que cumplir; solo quedaba la verdad, cruda y peligrosa.
Julián entró en la estancia. Se había despojado de la cha
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