La grieta en la armadura
El despacho de Julián Varga no era una oficina; era un búnker de caoba y cristal con vistas a una ciudad que él poseía por partes iguales. Elena sostenía el sobre con la auditoría forense, el papel crujiendo bajo la presión de sus dedos. La prueba de su inocencia, el documento que debería haberle devuelto la
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